Una invitación a la reflexión

En el mundo de la imagen y de lo efímero, en aquel marcado por la frivolidad y el amarillismo mediático –en fin, en un mundo que ya no piensa- parece más legítimo que nunca reflexionar sobre el rol de la cultura y entretenimiento entendidos como “reflexión”.

Es un mundo tan paradójico como el descrito desde el otro lado de los medios en aquella película de Sofía Coppola que tiene lugar en un castillo hollywoodense -y por ende desprovisto de pasado, leyendas medievales o historias de guerras-. Un mundo de aburrimiento, vacío y de héroes cobardes.

En su más reciente ensayo, La civilización del espectáculo, Vargas Llosa reflexiona sobre esto, sobre la definición de cultura en su origen y su comprensión contemporánea, de la televisión, del cine… sobre su metamorfosis en la postmodernidad, y sobre su relación con aquellos temas que estructuran y construyen nuestras sociedades.

La escritura es clara y sin pretensiones y es consecuente al hacernos ir más allá de la lectura como mero objeto de diversión, sacándonos de ese círculo vicioso en el que vivimos y empujándonos a reflexionar. Sin embargo, como planteo como conclusión, considero que hay que alimentarse de los ejemplos –ciertos- que al autor lanza con sus palabras, pero que el lector debe mantener su criterio claro: la definición de cultura se ha transformado, efectivamente, pero tal vez no al 100% para mal…

La banalización de la cultura por Vargas Llosa

A modo ilustrativo, transcribo un extracto que resume bien la dinámica del libro y perteneciente al capítulo dedicado a la relación entre la cultura, política y poder. De hecho, este capítulo en particular se deja entender por el lector colombiano, tristemente, como una radiografía de nuestro país…

“La frenética búsqueda del escándalo y la chismografía barata que se encarniza con los políticos ha tenido como secuela en muchas democracias que lo que mejor conozca de ellos el gran público sea solo lo peor que pueden exhibir. Y aquello que exhiben es, por lo general, el mismo penoso quehacer en que nuestra civilización ha convertido todo lo que toca: una comedia de fantoches capaces de valerse de las peores artimañas para ganarse el favor de un público avío de mañas para ganarse el favor de un público ávido de diversión. (…)

La raíz del fenómeno está en la cultura. Mejor dicho, en la banalización lúdica de la cultura imperante, en la que el valor supremo es ahora divertirse y divertir, por encima de toda otra forma de conocimiento o ideal. La gente abre un periódico, va al cine, enciente la televisión o compra un libro para pasarla bien, en el sentido más ligero de la palabra no para martirizarse el cerebro con preocupaciones, problemas, dudas. Sólo para distraerse, olvidarse de las cosas serias, profundas, inquietantes, y difíciles, y abandonarse en un devaneo ligero, amable, superficial, alegre y sanamente estúpido. (…)

La prensa sensacionalista no corrompe a nadie; nace corrompida por una cultura que, en vez de rechazar las groseras intromisiones en la vida privada de las gentes, las reclama, pues ese pasatiempo, olfatear la mugre ajena, hace más llevadera la jornada del puntual empleado, del aburrido profesional y la cansada ama de casa. ”[i]

Sugerencia de lector a lector

Mi humilde sugerencia es la de invitar a una toma de distancia con el autor y a una delimitación de los conceptos. La prosa de Vargas Llosa atrapa, sus argumentos ácidos son fuertes y su hipótesis es indiscutible: la definición y conceptos de cultura se han transformado. Ya no hay una Kultura, si no muchas con muchas caras y dimensiones. Pero el amarillismo y el escándalo son solo una de esas dimensiones. La cultura de lo light es omnipresente efectivamente, pero me pregunto si es un fenómeno exclusivo de la postmodernidad, o si es simplemente un fenómeno que siempre ha existido de manera elitista y que en la postmodernidad  se ha masificado…

Dentro de un exceso de oferta de entretenimiento como el que existe hoy en día, soy un firme creyente de que no todo está perdido: existen millones de propuestas de calidad. El reto precisamente radica en desarrollar un criterio propio que nos permita elegir y diferenciar, en vez de recibir y tragar.

Para terminar con el principio, y para enredar más el enredo, a continuación transcribo un extracto de una entrevista a Sofía Coppola en el marco de la promoción de su película Somewhere sobre aquel aristócrata contemporáneo, tan vacío como inerte, que vive en su habitación del Château Marmont:

There’s one particular scene with the two blonde dancers and Johnny falls asleep while they’re performing and you just stretch that moment out. What kind of effect were you going for with that?

Sofia Coppola: I was trying to start the movie in his state of mind and his point of view. It should be exciting to have these twins in your room, performing, but it’s not the first time; they’ve probably come every week for months and he’s on painkillers. I didn’t want it to feel exciting; he’s kind of stuck and just really feel like you’re alone with someone in their private moments. [ii] 

 


[i] Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo, Colombia, Ed. Alfguara, p. 134.

[ii] http://www.cinemablend.com/new/Interview-Somewhere-Writer-Director-Sofia-Coppola-22306.html