Para estrenar esta sección dedicada a los posts sobre cine qué mejor que hacerlo con El Principito, el clásico de la literatura de los años 40, un ejemplo de imaginación y una verdadera demostración de cómo el relato, el storytelling, es una herramienta potentísima para transmitir mensajes universales.

El Principito versión cine 2015, estrenado de la mano de Cine Colombia el pasado 5 de noviembre en Colombia, se encuentra a caballo entre la “creación inspirada en” y la adaptación del libro de Antoine de Saint-Exupéry, en el que un piloto se estrella en el Sahara y conoce a un fascinante niño que viene de un planeta en el que apenas cabe él mismo.

Digo “a caballo” ya que su director Mark Osborne (Kung Fu Panda) recurre a la meta-historia, “el teatro dentro del teatro”, para en un primer nivel contar un verano en la vida de una pequeña niña y de su madre (en honor a la novela original y con el afán de mantener un alcance universal, se evita la utilización de los nombres propios) en el que cada segundo está calculado para conseguir el fin último de que la pequeña niña acceda a una estricta escuela privada que la preparará como una futura adulta perfecta. Sin embargo un viejo piloto que descubren como vecino será el elemento perturbador que cambie todo…

Es precisamente este personaje el que introduce el segundo nivel de la historia: la adaptación tal cual de El Principito, que es leído por el piloto y luego por la pequeña niña. Él es uno de los protagonistas y, a medida que avanza el film, pasado y presente se empiezan a entrelazar, sacando a la niña de su mundo-sin-margen-de-error y sinónimo de la vida adulta y haciendo evolucionar la película del relato realista al fantástico.

La narración de la historia “tradicional” de El Principito está contada en una preciosa animación cuadro por cuadro, delicada, táctil, texturada y con colores cálidos. Esta animación se enmarca dentro de la narración principal contada gracias a la sofisticada animación por ordenador al más puro estilo de Pixar (pero no, la peli no es de Pixar). Esto le da al clásico de Saint Exupéry un lavado de cara y un aspecto contemporáneo, familiar para las nuevas generaciones y compatible con grandes salas de cine en centros comerciales, con perros calientes y litros de coca-cola.

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Sin embargo, El Principito más allá de su dimensión más comercial, evidenciada principalmente por ese “look Pixar” y por una producción que cumple la tradición de las películas de cine animado infantil (pausas musicales para alargar la historia, rasgos caricaturales de los personajes, utilización clichetuda de arquetipos -Arlequín / Zorro, protagonista motivado por una aventura transformadora…- o una temática sentimental omnipresente sin llegar a la historia de amor) es una película profunda en el sentido que conmueve al espectador (más de uno salió llorando de la proyección…), una película inteligente, en el sentido que en invita a la reflexión, y una película realmente agradable a la vista y muy entretenida.
Efectivamente, la dirección de arte y la música sumergen al espectador de lleno en la historia y en sus dos universos. Y es que lo interesante de la mezcla de animaciones anteriormente evocadas, es que permite, la articulación de una narración suficientemente compleja para un box office infantil, a la vez que transmite varios conceptos simultáneamente: desde algunos muy clichés como lo son la amistad, el viaje o la inocencia, hasta conceptos más duros como el sacrificio, la muerte, y pasando por algunas problemáticas contemporáneas como lo son la preocupación por el medio ambiente o la figura de la madre sola y la hija abandonada en busca de una figura paterna.

En definitiva: El Principito es una película con diferentes niveles y aspectos que se conjugan muy bien tanto para el público general como para los productores que han conseguido alcanzar un equilibrio entre la creación artística y los objetivos de taquilla: una historia universal muy conocida por el público adulto, adaptable para el público más joven gracias a un universo fantástico inherente a la obra, y que tiene entonces un alcance muy amplio en materia de públicos. ¡Recomendada!