“The term uberisation defines a transition to an operational model which enables economic agents to exchange under-utilised capacity of existing assets or human resources with close to zero transaction cost. (…)

The term refers to the utilisation of computing platforms, such as mobile applications, in order to facilitate peer to peer transactions between clients and providers of a service, often bypassing the role of centrally planned corporations.” [1]

En una ciudad como Bogotá, con una cultura tan pobre de servicio al cliente –en todos los sectores de actividad- y tan dividida socialmente, Uber ha ido poniendo la barra cada vez más alta al traer al mercado soluciones eficaces, seguras, de calidad y sin que cuesten mucho más (o incluso menos). Su modelo de negocio es el resultado de una innovación tras de otra: un botón para solicitar un servicio en cualquier lugar a cualquier hora, y que conecta al usuario final con conductores que ya no son empleados de 8 a 6, sino emprendedores que obtienen ingresos en función de su trabajo, que además es flexible y representa una inversión de capital baja (el vehículo propio). Se trata de todo un ecosistema productivo, a la vez sencillo y sofisticado, con un corazón llamado teléfono móvil.

“En una nevada tarde de París en 2008, Travis Kalanick y Garrett Camp tuvieron problemas para conseguir un taxi. Así que se les ocurrió una idea simple: tocar un botón para conseguir un viaje. Lo que comenzó como una app para pedir autos negros premium en algunas áreas metropolitanas, ahora está cambiando la base logística de ciudades alrededor del mundo. Ya sea que se trate de un viaje, un sándwich o un paquete, utilizamos la tecnología para darles a las personas lo que quieren, cuando lo quieren.” [2]

Uber fue el pistoletazo de salida para una revolución en cómo compramos, cómo entendemos el servicio y cómo nos relacionamos con la tecnología en nuestra vida cotidiana. En Airbnb, tanto huésped como anfitrión ganan, el primero al encontrar alternativas diferentes, cómodas y más económicas a la oferta de alquiler tradicional, y el segundo al aprovechar sus bienes para rentabilizarlos por el tiempo que él prefiera. Los intermediarios son reducidos al mínimo, y la experiencia de personalización es máxima.

Uber y Airbnb son algunos de los ejemplos más conocidos, pero como ellos hay cientos de ejemplos en todos los sectores: en temas de educación surgen plataformas de intercambio de idiomas, espacios para conseguir financiamiento como Kickstarter, accesibles a todos, representan soluciones reales a problemas globales, y los servicios jurídicos, de diseño o de empleadas domésticas ya tienen sus propias “apps”…

¿Un fenómeno realmente característico de una economía 3.0? Probablemente: estamos ante sistemas basados en el intercambio que genera valor por donde se quiera ver (a excepción de la competencia…), modelos totalmente usuario-céntricos en el que la experiencia del usuario es tan simple como cómoda, y que no es más que el reflejo de la coordinación y puesta en funcionamiento de un sistema complejo pero óptimo que involucra desde geolocalización a redes sociales y que conecta el mundo online con la experiencia de servicio offline.  Es un fenómeno que ya ha dejado de ser nuevo (Uber empieza con su revolución en 2008…), pero que aún sigue creándose y que se adapta rápidamente y de manera permanente a las exigencias de la demanda.

Pero claro, no todo lo que brilla es oro, y a medida que avanza esta economía uberizada, nuevos retos empiezan a surgir. Preguntas sobre cuáles son los límites de la gestión del estado vs. las exigencias del mercado, la resistencia de modelos tradicionales que se sienten amenazados, y los vacíos regulatorios (por ejemplo en materia de competencia, tributaria o laboral) están a la orden del día….

Sin embargo, pienso que estas preguntas son verdaderos estimulantes y que nos empujan a reflexionar cada vez más rápido, y a los empresarios a ser más exigentes, innovadores y eficaces en su oferta. También, es la demostración más evidente de que la innovación no radica solamente en la invención de nuevos productos, o en la propuesta de nuevas formas de comunicación, sino también en cómo la colaboración puede generar valor. Es un mensaje optimista en el sentido que nos habla del poder de las ideas.

Podremos seguir aprendiendo de Uber y compañía, veremos si finalmente su ideal “driverless” funciona o no, y qué implicaciones trae consigo… Desde el punto de vista de las empresas y las organizaciones, tendremos que adoptar un rol: si nos quedamos rezagados, si nos subimos al carro, o si adoptamos un rol activo -y ambicioso- como disruptores que escriben las reglas de juego del futuro.

 

[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Uberisation

[2] https://www.uber.com/es-CO/our-story/

[3] Imagen: https://medtechboston.medstro.com/blog/2015/11/04/14917-2/

 

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